Alice E. Blake

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Alice E. Blake

Mensaje por Alice E. Blake el Sáb Jun 27, 2015 8:50 pm





Alice Elizabeth Blake


I'm in the fucking Wonderland and all I can see is crap


Inmates
18 años
Amphetamine
Bisexual
Inglesa
Aleksandra Wydrych






Personalidad

“Who in the world am I? Ah, that's the great puzzle.”

Impulsiva y explosiva. Adjetivos clave para comprender a la perfección la personalidad de Alice. Personalidad ya imaginable solamente posando tu mirada sobre la de ella: afilada, astuta, fría e impasable. Pero todo tiene su explicación. Esa mirada desconfiada y cargada de ira surgió de esos golpes que la vida le dio a la pelirroja de mirada perdida. Mirada que ansía un lugar al que pertenecer, en el que el derecho a la libertad esté por encima de todo y todos, por encima de tus recuerdos, por encima de tu propia vida. Perder la memoria, sacrificar tu existencia, lo que sea necesario para alcanzar los propósitos de la libertad, la verdad y la justicia. Libertad que el mundo ya te prohíbe desde el momento en el que llegas a él, viéndote aprisionado, rompiendo tus sueños nada más tratas de alcanzarlos. Siendo tus alas cortadas para asegurarse de que nunca podrás volar. Verdad que nunca llega a emerger, ya que es oculta y hundida por todas aquellas desfachateces que te inculcan como la única realidad. Justicia que nunca llega a existir, de igual forma que nunca existió ni existirá para aquellos que realmente la merecen.

Con una mirada, ya puedes percibir que quizás la pelirroja no sea la mejor compañía que te convendría. Desconfianza, frialdad, soberbia, altivez, fortaleza, superioridad… Todas ellas las encontrarías en una mirada fija sobre la de Rocket, sin dudar en definirla ya primeramente como la causante de todos los problemas que tendrías, porque ella misma es el problema. Puede mostrarse ser desde cruel, despiadada, malvada con todo aquel que interfiere en su camino. La ira no es difícil de desatar en ella. Un simple toque, una simple mirada de desprecio que se dirija hacia ella y saltará, sin dudar en levantar el puño si hace falta. La paciencia no es una de sus virtudes, de igual forma que tampoco lo es la bondad. Es egoísta, maleducada, grosera, bravucona, avariciosa… No hay adjetivos suficientes para definirla. Más de una vez le dijeron que era el pecado encarnado en cuerpo humano. El más bello de los ángeles que cayó por desobedecer el mandato de Dios y que solo sabe llevar la discordia por donde pasa. Muchas veces se lo dijeron y, en todas ellas, ella se rio. Se rio por la ignorancia de todos ellos, que buscaban el problema dándole la espalda al verdadero.

Impulsiva, agresiva y letal. Ha aprendido a que si el mundo no le ofrece la justicia que ella considera adecuada y verdadera, ella misma la buscará y la conseguirá, ya sea con quien sea o del modo que sea. El control de sus impulsos no forma parte de ella. En su interior sus pulsiones reinan en ella y tampoco tiene inconveniente en frenarlas, de esta forma se muestra ser ella misma sin tapujos, siendo auténtica y honesta a sus ideales. Estos impulsos también son libres desde simples agresiones hasta los ámbitos sexuales, teniendo y consiguiendo siempre lo que se le antoje.  

No hay personas cercanas en su círculo de conocidos. No hay nadie que realmente pueda llegar a ver lo que bajo esa melena en llamas se encuentra. Porque en nadie se permite confiar, a nadie le permite ver lo que realmente existe bajo esa mirada fría y distante. Nadie puede ver el dolor que la forma ni el tormento que sus propios recuerdos provocan en ella.  Es una persona difícil de tratar, básicamente por los múltiples aspectos de su interior que unos con otros colisionan, sintiéndose ella misma también frustrada por ser incapaz de conocerse, o quizás por no querer conocer realmente quién es. Bajo toda esa maldad, crueldad, orgullo y soberbia se encuentra una joven atormentada por los recuerdos del ayer que no paran de revivirse en su presente. Toda esa máscara de rebeldía y de fuerza no existe. Es todo mera fantasía. Un simple truco de magia hacia los ojos de los demás y que no logran descifrar. Mientras por fuera muestra esa rebeldía y esas ganas de pelear, lo único que realmente quiere es su libertad, pero se encuentra demasiado débil como para poder llegar a ella. Está andando a ciegas entre la oscuridad, rodeada de precipicios.

Insegura, deprimida, agotada, desconsolada, demolida, asustada… Así es la verdadera Alice, la vulnerable Alice. Por eso muestra esa actitud de ser invencible enfrente de los demás, por eso tomó la decisión de que por sus venas corra alcohol  desenfrenadamente, por eso dijo un sí rotundo y sin pensarlo hacia las drogas, para que todos estos elementos le permitieran olvidar, y por lo tanto tener unos instantes de libertad donde no sienta las cadenas a su alrededor, inmovilizándola.






Historia

“They made her believe she was living in Wonderland”

La vida de la joven Alice no fue precisamente un camino de rosas. Lo único que existió de éstas en la vida de la londinense fueron sus espinas. Espinas que poco a poco en su vida fueron clavadas en lo más profundo de su ser, haciendo que se desangrara y que muriera la persona que un día fue, para dejar nacer a otra que resultó ser inmune a esos ataques y ser más fuerte, pero que continuaba teniendo ese dolor y sufrimiento en su interior, pero que no permitió que los demás lo vieran. No se mostró débil, ya que quería ser fuerte. Era fuerte.  

Alice creció en el seno de una familia de clase media, donde ella era el tesoro de sus padres y todo aquello por lo que sus progenitores lucharían hasta la muerte, como cualquier padre y cualquier madre haría por su hijo o hija. Pero Alice mostró desde siempre un especial cariño hacia su progenitor, porque él había descubierto en ella ese don, el de la imaginación. Ethan, su padre, le enseño a ver con los ojos cerrados y a soñar con los ojos abiertos. Él le desveló ese libro que hasta el día de hoy significó y significa tanto para ella: “Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas”, a través del cual se sintió descubrirse a sí misma y captar, asimilar, esa maravillosa historia repleta de frases tan significativas y profundas llenas de toda razón y sobre las que Alice se aposentó y creció, nutriéndose de ellas, siendo de este modo ese simple libro una base fundamental para ella y para sus creencias. Ese libro. Su libro. De ahí ese gran afecto hacia su padre. Afecto que poco a poco fue incrementándose, disminuyendo el que sentía por su madre, mujer que poco a poco parecía distanciarse más de su familia.

Las discusiones en casa de los Blake aumentaban con demasiada frecuencia, llegado el punto en el que ya resultaban algo habitual hasta para la pequeña Alice. Algo referente a deudas gritaba Anna a su marido mientras le echaba en cara una y otra vez el reciente despido que él había sufrido, siendo de esta forma ella la única que traía a casa ganancias. Una y otra vez le echaba en cara que no se esforzaba por tratar de seguir adelante consiguiendo un nuevo trabajo o ayudándola más en esa situación. Una y otra vez le espetó que lo único que sabía hacer era pasar tiempo con la niña, sin separarse de ella. “Vamos Anna, alguien tiene que cuidarla.” le decía Ethan, a lo cual ella siempre argumentaba que se podría dejar a cuidados de una tercera persona y que eso no era excusa. Una y otra vez lo llamó cobarde e inútil, saliendo de la casa dando un portazo. En ese momento era cuando Ethan decidía volver a subir las escaleras y entrar con una sonrisa cansada y preocupada hacia la habitación de su hija para terminar de leerle el encuentro de Alicia con el Sombrerero Loco para tomar el té.

Así fue cómo poco a poco algo en el interior de Alice comenzó a despertar, esa especie de odio hacia su madre por tratar de separar a su padre de ella, esa sensación de repugnancia cada vez que la veía y ese rechazo que hacía ella manifestaba, porque al final ella se había salido con la suya. Una situación algo similar al denominado complejo de Electra denominado por Jung.

Los meses fueron pasando y poco después de que Alice cumpliera los siete años sucedió un acontecimiento que podía indicar que las cosas iban mejorando entre sus progenitores. Su padre finalmente había conseguido de nuevo un trabajo, las deudas ya no existían y la noticia de que Alice iba a tener una hermanita había despertado en la niña de nuevo esa alegría y felicidad mostradas ante su propia madre de nuevo. Todo parecía maravilloso, todo parecía sacado de un cuento. Por aquel entonces Alice se encontraba embriagada por una enorme nube de felicidad y entusiasmo. El nacimiento de su hermana le parecía tan maravilloso que se sentía dentro de ese País de las Maravillas. Ellos la habían tirado por ese hoyo y había atravesado esa pequeña puerta que la conducía a él.

El tiempo pasó y con él surgió el nacimiento de la pequeña Blake, Elle. Una hermosa niña rubia que sin duda se convertiría en el nuevo centro del mundo para Alice. Ella misma se encargaría de estar siempre a su lado y de cuidarla. Es su hermana mayor, al fin y al cabo eso es lo que debe hacer.

Cuando todo parecía ser tremendamente maravilloso, enseguida llegaron las tormentas para entristecer y matar a esas maravillas. Su madre había decidido dedicarles más tiempo a sus hijas por su parte, así que tomó la difícil decisión de dejar su empleo y convertirse en eso que tanto odiaba: una ama de casa. Pero no solamente eso, sino que estando ella en casa las discusiones entre Anna e Ethan aumentaron por la hora a la que él llegaba, su supuesto olor a tabaco y alcohol y la sospecha de una amante. Alice lo había escuchado todo y ya tenía la suficiente edad como para saber la definición de infidelidad y era algo que sin lugar a dudas no atribuiría a un hombre que se pasaba las noches contándole cuentos a sus dos retoños y que amaba a su familia más que a nada. No estaría dispuesto a destruirla por una mísera aventura. Probablemente fuera este punto el que hizo que Ethan se desquiciara y por primera vez levantara lla mano a su mujer, presa de la frustración del momento. No podía creerse lo que había hecho, nunca habría hecho lo que acababa de hacer en una situación normal, pero los nerviosos y esa sensación de agonía ante esa sospecha de su mujer… Demasiados factores.
Pero ese gesto, esa muestra de odio había sido percibida por Alice, quien no creía lo que acababa de hacer, a pesar de que encontrara motivos suficientes como para haberlo hecho su padre. Lo defendía. Había estado escuchando toda la conversación y hasta ella, con apenas doce años, se habría sentido impulsada a hacer lo mismo, pero nunca creyó que su padre lo llegara a hacer.

A partir de ese momento todo sucedió demasiado rápido. Ethan suplicó disculpas a Anna y ella le grito entre lágrimas que se fuera y no volviera. Los trámites del divorcio fueron más rápidos de lo esperado y la custodia de las niñas, a pesar de la lucha sin descanso de  Ethan, fue a parar a Anna por ponerse como víctima de maltratos ejercidos por su marido. Y así fue como el País de las Maravillas comenzó a arder, acabando con todo lo que se encontrara a su paso. Alice había sido arrancada de la persona con la que era feliz para ser cogida por la cabellera a que le cortaran la cabeza.

Vida nueva. Ese fue el lema de la madre de Elle y Alice. Quería que empezaran una nueva vida separadas de ese sinvergüenza que les estuvo haciendo la vida imposible. Según ellas debían ver otro paisaje, respirar otro ambiente alejado de ese hombre. Desde el primer instante las discusiones entre Alice y su madre habían sido bastante considerables. Alice se encontraba desesperada, irritada, dolida… No quería estar ni un minuto al lado de ese monstruo. Ella había sido la responsable de que su familia se hubiera ido a la mierda. Ella y su estúpido orgullo y soberbia. Miles de veces Alice se había preguntado cómo un hombre como Ethan, con un corazón tan bondadoso y puro, pudo llegar a parar con una mujer con ella. Alice era consciente de que no aguantaría ni un par de meses al lado de ese ser que le había arrebatado su felicidad, tanto la suya como la de su hermana. Esa mujer que sólo se preocupaba por ella misma  y no veía cómo su hijas necesitaban el cariño que les aportaba su padre, el único que valía la pena, porque de Anna podrías esperar cualquier cosa menos amor verdadero, ya que en verdad no le interesaba quedarse con la custodia completa de sus hijas, sólo lo quiso así para ver sufrir a un padre que verdaderamente hubiera dado su vida por estar con sus niñas.

Esa vida nueva Ana decidió llevarla a cabo en el estado de Pensilvania, donde originalmente ella se había criado antes de mudarse con sus progenitores a Inglaterra. Dentro de lo que cabía esperar, Alice se había mostrado más calmada de lo normal pero no porque le agradara su nuevo hogar, en absoluto, sino por su hermana pequeña. Ella era la mayor y su deber como tal era cuidar de su hermana pequeña, estar a su lado siempre que la necesitara y animarla, consolarla y tratar de que en ella se despertara la felicidad que Alice había vivido en su infancia gracias a su padre. Ella ocuparía su lugar y se encargaría incluso de leerle Alicia en el País de las Maravillas noche tras noche, pero nunca permitiría que su padre le tocara siquiera un pelo a Elle. Ella era lo que le quedaba, lo que la mantenía unida al recuerdo de su anterior vida donde era feliz y no gracias a su progenitora.

Fuera de casa, donde el amor hacia su hermana y el odio hacia su madre era claramente perceptible simplemente por los tonos de su voz que empleaba, su vida había comenzado a tomar un camino oscuro y espinoso, en el que demasiadas sombras se alzaban a su alrededor, retorcidas, terroríficas pero atrayentes. Fue a la edad de quince años cuando comenzó a fumar y a beber, no en demasiadas cantidades, sabía moderarse, pero las compañías a las que frecuentaba no.

Un día, cuando volvía con su hermana de haberla recogido del colegio habían tenido un tonto berrinche en el que Alice había soltado a Elle de la mano y, enfadada, se había encaminado varios metros por delante de ella, cruzando la calle sin preocuparse de su hermana. Antes de que se diera cuenta de este hecho y decidiera dejarse de bobadas para ayudar a cruzar la calle a su hermana, Elle había cruzado la calle sin mirar, corriendo para ir a pedirle perdón a su hermana mayor. Nunca llegó a pedírselo. Un cadillac se había llevado por delante la vida de la pequeña de melenas doradas.

Sin duda alguna, la pérdida de su hermana pequeña fue la razón principal por la que el País de las Maravillas de Alice quedó completamente en cenizas. Su mente se quebró. Sus llantos no cesaron. La culpa estaba desgarrándola y alimentándose de ella, de su dolor. Elle era lo único que la aferraba a luchar por algo. Ya no le quedaba nada. Así se sumergió en un país de las maravillas irreal, artificial, creado por esas drogas que eran lo único que le permitían sentir algo que no fuera ese dolor y que callaban su conciencia, su culpa. Culpa que se encargaba su madre de avivar cada ver que la veía, repitiéndole una y otra ver entre gritos y sollozos que ella era la responsable de Elle y que nunca se lo perdonaría, que ella había destrozada su hogar y había acabado con el último atisbo de felicidad que existía en la casa. Y así comenzaba la pelea de reproches y Alice rompiendo con lo primero que tuviera a mano con las ganas de estampárselo en la cabeza a esa sucia zorra que debía de ser la última en echar en cara algo. La odiaba. La detestaba. Le gustaría haberla matado. ¿No creía ella que Alice ya estaba suficientemente jodida como para estarle repitiendo y afirmando una y otra vez lo que ella trataba de convencerse que no era su culpa? ¿Se estaba dando cuenta de que lo único que quería era hacerla sufrir haciéndole cargar con la muerte de la persona que más quería? Repugnante.

De esta forma Rocket se pasaba con menos frecuencia por casa y andaba en la calle con esas sombras que había encontrado en su camino metiéndose en demasiados líos y con las drogas y el sexo como vital necesidad para alejarse de lo que estaba acumulando a sus espaldas. Delitos considerados, donde no fue cogida, comenzó a causar la pelirroja de mirada amenazadora: algún que otro pequeño robo, peleas callejeras donde esa descarga de su agresividad y la adrenalina a flor de piel le permitían sentirse llena, y algún que otro incendio intencionado a alguna fábrica abandonada. Pero lo que le causó su entrada directa al reformatorio fue a causa de un día cuando volvía a las tantas de la madrugada de nuevo a casa. Su madre se había quedado despierta esperándola y una nueva disputa comenzó. Las cosas se fueron demasiado de las manos de Alice a causa del primer bofetón que recayó en ella por parte de su madre, que fue el detonador de la explosión. Los gritos eran escuchados en las casas vecinas, donde se llamó a la policía notificando de lo que escuchaban. Cuanod la policía llegó al lugar se encontraron a Anna tirada en suelo, inconsciente con numerosas contusiones cubierta de gasolina a punto de caer sobre ella una delicada cerilla prendida que dejaría que Alice contemplara la muerte del fuego que arruinó su vida con su fuego del rencor, de rabia y dolor. Desatando su piromanía mientras contemplaría la relajante danza de las llamas. Pero la cerilla no había llegado a tocar el cuerpo de Anna inconsciente, ya que el arma del oficial apuntaba directamente a la cabeza de Rocket. La policía había sido demasiado rápida por una vez. Y así fue como de condena Wonder recibió el ser ingresada en el reformatorio  Reves Brisés  para tratar de corregir ese comportamiento educado de las patadas recibidas de una vida donde la realidad había ganado la batalla a la imaginación.







Otros datos.

✖ Ama la música. Desde escuchar al rock puro que le inculcó su padre desde joven, hasta componer ella misma sus canciones con si guitarra acústica. Ella vive por y para la música. Siendo la personificación del denominado estilo de vida Rock n’ Roll.

✖ Adicta al tabaco, al alcohol, a las drogas… malos hábitos que lleva acarreando desde hace demasiado tiempo, pero que nunca en verdad se planteó abandonar. Es lo que necesita para ser capaz de sentirse viva.

✖ Detesta que la gente le haga preguntas sobre su pasado haciendo que rompa la poca paciencia que tiene y que comiencen sus gritos y malas maneras contra esas personas que se meten en vidas ajenas.

✖ Odia a las personas que ven la vida como un camino de rosas y que todavía no han querido ver la realidad.

✖ Detesta a aquellas personas que se creen más de lo que en verdad son, por lo que odia a la mayor parte del mundo.

✖ Adora el libro de "Alicia en el país de las maravillas", era el que siempre le contaba su padre cuando era pequeña.

✖ Sobre ella recaen apodos como Rocket, Lzzy o, su preferido, Wonder.




Última edición por Alice E. Blake el Dom Jun 28, 2015 7:30 pm, editado 4 veces
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Re: Alice E. Blake

Mensaje por Nicholás el Sáb Jun 27, 2015 8:55 pm


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Re: Alice E. Blake

Mensaje por Alice E. Blake el Dom Jun 28, 2015 7:29 pm

Ficha terminada.

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Re: Alice E. Blake

Mensaje por Invitado el Dom Jun 28, 2015 7:50 pm


Welcome, Rocket.

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