The Butterfly Effect || Liv's ID

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The Butterfly Effect || Liv's ID

Mensaje por Liv Vander el Dom Feb 07, 2016 10:34 pm

ECSTASY.
18.
Intento de asesinato.


It has been said that something as small as the flutter of a butterfly's wing can ultimately cause a typhoon halfway around the world

Diciembre frío de finales del año de la nueva década, tal vez a comienzos o puede que a finales de mes, no lo recuerda o puede que no lo quiera recordar. Fue en esas fechas cuando la madre de Liv dio un paso adelante y decidió abandonar esa casa, a la que en algún momento había llegado a llamar hogar junto con su pequeña de apenas tres años. Había reunido todo su valor, valor el cual le parecía que había expirado después de tanto tiempo paralizada por el terror que le recorría por cada célula, por cada átomo de su ser cada vez que él posaba su mirada sobre ella. Pero ahora él no estaba. Había conseguido organizarlo todo para cuando él se fuera y poder irse lejos, demasiado lejos, lo suficiente como para ser incapaz la vista atrás y ver su pasado. No quería más recuerdos, ya le eran suficientes aquellos temporales que tenía sobre su cuerpo, las magulladuras, las contusiones, las cicatrices, las magulladuras… Pero los peores fueron aquellos que perdurarían en su alma y en su memoria. El dolor físico era temporal, horrible, pero se iría tarde o temprano. Pero aquel dolor que le introdujo en lo más hondo de su ser… Ese permanecía, sintiéndose torturada por él, siendo letal para su mente. Quería correr, huír junto a su pequeña Liv, lejos de Polonia, lejos de Europa. Quizás América, la tierra que fue y siempre sería la de las oportunidades, podría abrirle sus brazos y acogerlas a ambas. Pero para eso hacía falta dinero, dinero que no podía retirar de la cuenta bancaria sin que é se diera cuenta. Siempre lo estaba revisando todo. Todo tenía que estar en su sitio. Todo tenía que ser y estar en perfecto estado, bajo su control. Cuando esto no pasaba, no era beneficioso para nadie. Así que no se pudo permitir retirar una cantidad necesaria del banco, por lo que se vio obligada a ir reuniendo una pequeña porción de su paga que obtenía como camarera en el bar que estaba cerca de su casa y que pertenecía a una amiga suya. Ella tampoco sabía nada de lo que estaba ocurriendo en ese hogar. Cara el exterior, la familia Vander era la típica familia común que había sido bendecida con el regalo de su primera hija, Liv. Pero cara el interior, esa familia no era tan común. Esa familia constaba de un marido alcohólico, opresor, dominador, machista, maltratador y controlador y de una mujer aterrada que vivía en el propio infierno causado por ese hombre que en su momento le prometió el cielo. Y Liv, “vida”, ese regalo, ese supuesto regalo fue producto de una de las múltiples noches en las que Jacek había forzado a Anna para mantener relaciones sexuales, violándola. Un regalo. Sí, eso era Liv. Eso era esa familia común, ideal.

Lo tenía todo listo. Esperó a que se fuera a trabajar a la oficina para sacar del escondite que tenía bajo el séptimo tablón de madera comenzando por la derecha del pasillo. Ahí tenía el dinero y los pasaportes de ellas dos. Lo tenía todo planeado. Le pediría prestado el coche a Freya, su amiga, e irían al aeropuerto, cogerían el primer vuelo que pudieran y se irían. Lejos, lo suficientemente lejos. Estaba todo listo, lo tenía todo preparado, pero no salió como tenía que haber salido. Cuando abrió la puerta de la entrada lo vio ahí, con el ceño fruncido, confuso, incluso podría decirse con una cierta expresión de tristeza en sus ojos que marcaban sus primeras arrugas. Si hubiese comprobado por la ventana que el coche de él había vuelto a aparcar, si se hubiese dado cuenta de que él había dejado el informe que tenía que entregar a primera hora sobre la mesa de la cocina, hubiera esperado y nada hubiera continuado de la forma en la que lo hizo, aunque tampoco continuó con la idea que en ese momento se formó en la mente de Anna, la cual había comenzado a temblar y a llenársele los ojos de lágrimas. Para su sorpresa los de él también se llenaron de ellas al verlas listas para dejarle, para abandonarle y en ese momento el corazón de Anna se llenó de culpa y lo abrazó, y él a ella mientras le pedía que no lo deja, que sin ellas él no era nada.

Y ese es el entorno en el que fue creciendo Liv, la pequeña Liv. Donde una madre lo aguantaba todo con una radiante sonrisa cara el exterior añadida a la frase No es nada, estoy bien.. Una sonrisa que Liv heredó de ella, a pesar de que ella no lo recordara. Era demasiado pequeña cuando ella se suicidó como para ser capaz ahora de recordar su sonrisa.

Puede que el suicidio de Ann sea considerado un acto egoísta, dejando a su hija sóla en manos de ese hombre que ya conocía y que sabía que le haría pasar por un infierno similar al que ella pasó y que no pudo soportar más, pero en verdad Liv nunca lo pensó así. No le reprochó nada. No tenía por qué hacerlo, además, ¿de qué serviría ahora que ella se había ido cuando Liv iba a cumplir los diez años? No tenía sentido reprocharle nada a los muertos y menos a su madre que había sido una heroína que finalmente no pudo luchar más.

La custodia durante unos años perteneció a su tía por parte materna, debido al alcoholismo de su progenitor, la cual había aceptado sin pensárselo dos veces el hecho de cuidarla, no sólo por ser la única parte viva que podría conservar por su hermana, sino porque la podría tratar como la hija que no había sido capaz de tener.

Y ahí se fue amoldando poco a poco la personalidad e Liv. Una niña inocente, ingenua, tímida, sonriente… Se podría decir que era como un pequeño rayo de sol en la vida de aquellos que la rodeaban, llenándolo todo de alegría y dulces carcajadas y sonrisas. Pasó un buen par de años con su tía y su marido. Pero tras la recuperación de su progenitor, la custodia volvió a pasar para él. No parecía el mismo que Liv recordaba en nubladas memorias donde resonaban gritos en su cabeza. Gritos de él hacia su madre y solloces de su madre hacia él. Pero con esa enorme sonrisa con la que la recibió en sus brazos, parecía otro hombre, otra persona. Si no se hubiera confiado, si hubiera insistido en quedarse con su tía, no se hubiera desencadenado lo que sucedió.

Volvió a su hogar a la edad de trece. Quizás los primeros meses nuevamente con él fueron normales, sin demasiados problemas que a lo mejor alguna que otra discusión por dónde había estado, con quién, por qué se entretuvo. Pero poco a poco se podía notar como iba tensando más la cuerda por la cual la tenía presa alrededor de su cuello.

Se podría decir que la pérdida de su trabajo fue lo que desencadenó al ser que había tratado de retener. Nuevamente el alcohol volvió a él, junto con los gritos y las ansias de liberación de la furia que lo comía por dentro. Furia que acabaría pagando con Liv de igual forma que hizo como con su madre. Para aquel entonces también Liv lo quería demasiado como para poder ver lo que se aproximaba. Primero comenzaron los avisos, las prohibiciones, las horas puntuales. La cuerda ya se había tensado del todo y estaba comenzando a tirar. Luego llegaron los halagos, las caricias que pasaron de un tono paternal a otro que no lo era tanto. Luego llegaron los celos, los insultos, el humo de sus cigarros Camel sobre su cara y las manos sudorosas y ásperas sobre la piel tersa, suave e inocente de una niña. La cuerda había comenzado a oprimirle demasiado el cuello y le dificultaba la respiración. Antes las negativas de ella él le reprochaba que en verdad no lo quería, que una hija no quería a su padre, que era porque seguro que le gustaba uno de esos gilipollas de su instituto, que era tan zorra como lo era su madre, tan puta y tan egoísta como ella lo había sido.

You can’t change who people are without destroying who they were.

Los abusos se hicieron frecuentes, sus manos en el sexo de ella habituales y las violaciones una conclusión inequívoca en lo que acabaría conllevando todos esos actos. Pero nunca dijo nada. Quizás por miedo o quizás por un complejo de Electra demasiado latente y perdurado. Pero de lo que estaba segura era de que él era su padre y ella su hija, y que él la quería, a su forma, pero la quería. De igual forma que quería a su madre. Al fin y al cabo todos tenemos como fin en esta vida ser queridos y a Liv le había enseñado que eso era querer, que eso era el amor. Ella sólo quería ser querida.

Las cosas se complicaron más cuando él descubrió que ella, a la edad de dieciséis años, se había quedado embarazada. Era de él, pero no la creyó. Simplemente no la creyó. Había estado escondiendo lo del embarazado durante un par de meses, con miedo de que eso sólo pudiera causarle más problemas y complicaciones con él. Tenía la intención de abortarlo, de tratar de eliminar ese fruto antinatural. Eliminar. Destruir. Matar. Pero no tuvo el tiempo necesario, debería de haber tomado una decisión antes, haber abortado antes, haber decidido quedarse con su tía antes, haberse asegurado su madre de que ya no podría él volver a casa y huir en el momento indicado. Pero no fue así.

La tiró por las escaleras y una vez en el suelo había comenzado a golpearla en su estómago, en su abdomen. Ella se retorcía, inútilmente, tratando de zafarse del agarro de esas manos grandes, bastas, que le rodeaban el cuello y lo comprimía. Él había decidido sustituír finalmente la cuerda por sus propias manos. Le había escupido, pegado, mientras la miraba con esos ojos enfurecidos y gritaba. Gritaba. Aún recuerda esos gritos. Gritos que combinados con sus sollozos fueron suficiente para advertir a los vecinos, los cuales llamaron a la policía, la cual acudió en el momento preciso en el que él había comenzado rasgarle con una navaja la piel del cuello de ella.

Tras varios meses en el hospital recuperándose por las diferentes fracturas y por el aborto producido por él en la paliza, Liv volvió a la casa de su tía (la cual ahora se había desplazado hasta Detroit en América) con su típica sonrisa que le permitía recordar a la niña que una vez había cuidado, pero la cual por dentro ya hacía demasiado que había dejado de ser la que era. Demasiado tiempo hacía que su sonriso había dejado de ser auténtica. Ahí era cuando comenzó a representar a la perfección la de su madre. Una muñeca de papel.

Su tía el año anterior había tenido un niño. Había dado a luz a un niño, el niño milagroso, el que había llegado cuando ningún médico hubiese apostado por él. Era un completo milagro. Un milagro demasiado notorio, un milagro que requería de la importancia necesaria, que necesitaba de todo el cariño que sus padres le pudieran dar. Cariño que le retiraron a Liv y que le proporcionaron a él.

Heroine my sweetest sin, I can't seem to get enough. Pull me under, wake me up… Feel the rush.

Fue en ese momento cuando Liv comenzó a frecuentar más a menudo las calles que en el pasado le había sido restringidas a las horas que le habían sido prohibidas. Al fin y al cabo, la familia feliz de su tía ahora ya tenía todo lo que necesitaba y no creía que fueran a notar su ausencia, al fin y al cabo ahora no dejaba de ser una carga, un estorbo.

La maría, la cocaína, la heroína fueron acompañadas de esas malas compañías que comenzó a frecuentar, que eran lo que le permitía olvidarse de todo durante unos instantes y sentirse como la niña despreocupada, ingenua, inocente y feliz que solía ser.

Su ingreso en el reformatorio vino dado a cuando un día, en el que había quedado en casa con el pequeño Dan de tres años, vio en él todo lo que ella no podría tener y que no tenía. Una familia normal, una madre, un padre, un aura de protección, cariño… Ella sólo quería sentirse querida, sentirse protegida. Lo podría haber conseguido si ese crío no hubiera nacido. Podría haberlo conseguido con su tía y su marido. Podrían haber sido la familia que ella necesitaba y que le aportarían el verdadero calor de un hogar. Por eso decidió coger a Dan de la mano y salir con él a la calle. Hacía frío. Estaban en pleno invierno. El pequeño la miraba con ojos sonrientes mientras se reía por su simple existencia en el mundo mientras que Liv lo miraba con unos ojos fríos y cansados. Lo había llevado al lago, el cual ahora estaba congelado. Le había dicho que podía ir a caminar sobre él, algo que era uno de los grandes deseos del niño y que sus padres siempre le prohibían. Vio cómo se alejaba, mientras cogía del bolsillo de su chaqueta sus cigarrillos Camel. Vio cómo el hielo se rompía haciendo que el niño cayera en las congeladas aguas mientras ella encendía su cigarro. Exhaló el humo mientras él gritaba.



Última edición por Liv Vander el Lun Feb 08, 2016 10:11 am, editado 2 veces
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Re: The Butterfly Effect || Liv's ID

Mensaje por Ledger el Dom Feb 07, 2016 10:38 pm

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Re: The Butterfly Effect || Liv's ID

Mensaje por Liv Vander el Lun Feb 08, 2016 10:06 am

Ficha terminada.

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Re: The Butterfly Effect || Liv's ID

Mensaje por Ledger el Lun Feb 08, 2016 9:58 pm

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